No sé si recuerden cuando les conté que voy a ser una flecha. Me faltó en esa ocasión contarles el choro de San Sebastián que tanto me gusta contar.
San Sebas era, o por lo menos eso cuenta la leyenda, arquero en Roma. Por convertirse al cristianismo fue condenado a ser acribillado con flechas por sus propios soldados, para lo cual fue atado a un árbol a las afueras de la ciudad. Después de que todos lo hubieran abandonado ahí, dándolo por muerto, Santa Irene lo curó y salvó su vida. Ella le explicó que nadie sabía que aún vivía, pero aun así Sebastián se presentó frente al emperador para aclararle que seguía siendo cristiano. Esto le valió una segunda condena de muerte, a palos. Una vez que sus verdugos se aseguraron de que estaba efectivamente muerto, lo aventaron a la cloaca máxima para que no se fuera de parranda. Entonces San Sebas se le apareció en sueños a algunos cristianos, quienes recuperaron su cuerpo y le dieron una santa sepultura.







